viernes, 24 de junio de 2016

Llegaste


Fue como un rayo. Tu mirada me atravesó y de pronto se quebró un muro invisible entre los dos.
Me encontré desnuda, frágil, esquivando tus ojos que me acariciaban como el reflejo de la luna sobre tu perfil. Lloré de emoción sobre el hueco de tu espalda. Las lágrimas caían a borbotones; como si de pronto se desmoronaran todas mis defensas.

Ahora puedo ver. Ahora se disipó la niebla. La luna que nos hablaba en silencio, tus ojos contemplando mi rostro por minutos que parecían eternos. Llegaste. Y ahora todo parece fluir como agua de manantial.