lunes, 28 de septiembre de 2015

Al que le gusto, bien, y al que no, también

Lo mejor que me enseñó mi viejo es a ser libre. Lucho por ello desde que tengo 17 años, cuando me propuse empezar a pensar por mí misma y cortar con tantas programaciones y creencias estúpidas que los padres, el colegio, la sociedad te imponen, sin quererlo obvio. ¿Pero qué pasa cuando tus amigos que creíste de toda la vida o su familia directa te critican por tus elecciones o tus ideas?
He visto a mi familia discutir fuerte, pelearse y/o distanciarse por cuestiones futbolísticas, de política o religión. Lo he visto y lo he sufrido. Mi abuelo -al que no conocí pero todos me hablaban de su mesura con respecto a sus actitudes y pensamientos- siempre reprendía a mis tíos en medio del asado del domingo diciendo que en su mesa no se hablaba de fútbol, política ni de religión. Tampoco creo que sea la solución no hablar, el tema es cuando el otro no respeta tus elecciones o te quiere imponer sus pensamientos e ideas diciéndote que estás equivocado. Y se enoja con vos por eso. Así se crean distancias y brechas por una idea, a veces hasta de por vida.
He sufrido con algunas amigas que yo creía eternas cuando un poco más me dijeron que era una puta cuando conocieron mis elecciones sentimentales o sexuales. ¿A quién jodo yo si tengo ganas de estar con alguien? De última es mi problema y es mi conciencia. Muchas veces la familia o los amigos no dejan que uno haga su experiencia, porque así se aprende. Yo nunca me arrepentí de nada. Por supuesto que perdoné desde el primero al último que me criticó, aunque algunas palabras quedan marcadas a fuego. Y hoy, después de muchos años, sigo recibiendo palabras hirientes que no hacen más que avergonzarme y ponerme triste. Porque es así, lamentablemente el ser humano busca la aprobación de los otros, pero sé que determinada gente contarle mis cosas es como como prender una bomba y esperar el estallido.
Los fundamentalismos me dan asco, eso es lo que me generan. Yo aplaudo victorias históricas en este país, como el matrimonio igualitario, y la ley de medios. Pero eso no significa que sea kichnerista. Y tampoco tengo ganas de bancarme que ciertas personas de mi círculo me critiquen porque siempre me moví en ambientes del arte y proclamo la libertad y el respeto por sobre todas las cosas. No tolero que me digan lo que tengo que hacer o cómo tengo que comportarme, yo me rijo por mis propias reglas. No tolero que me digan que cómo puedo tener amigos homosexuales, que cómo voy a acostarme con un tipo en la primera cita si se me canta, que cómo me voy a vestir de determinada forma, que por qué me ando juntando con hippies. Santa Fe es una sociedad pacata, hipócrita y fundamentalista. Nací en una familia en la que el qué dirán importaba más, una familia conservadora, con valores, que me inculcó creencias que más tarde pude desestimar. Y sufrí por ello.
Entonces el que no me respeta y el que me critica ya no pueden ser considerados amigos. Yo respeto a los demás. Respeto a mis amigas que deciden o que eligen ser fundamentalistas a ultranza de la religión y que reproducen el discurso de la iglesia más conservadora. Respeto a mi papá que me habla de Cristina y que defiende el modelo. Respeto a mis amigos radicales o del PRO. Respeto a aquellos que bregan desde el arte y la vanguardia defendiendo ideales en pos de una sociedad más justa e igualitaria. Tengo amigos de todos los colores políticos, de todas las condiciones sociales y no discrimino. Los respeto, los escucho, pero no le digo que lo que piensan o lo que hacen está bien o mal, cada uno sabe. ¿Quién soy yo para decir si algo es bueno o malo? Si lo que hacés te hace feliz, adelante, me parece bárbaro. Te apoyo y te aplaudo. Pero no intentes imponerme por la fuerza tu punto de vista, porque ahí fuiste.
 La ideología nos teje diariamente una telaraña en las pupilas. La ideología ciega, separa, no nos deja ver la realidad. La crítica destruye. No existe la crítica constructiva. Ahí donde el otro quiere controlarte y convencerte que sus ideas son mejores ya no te está respetando. Y si no hay respecto, para mí, no hay relación que valga.
Por ello, al que le gusto bien, y al que no también.


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