miércoles, 10 de junio de 2015

En el invierno de los días

I.

Ríos de tinta
invaden
las latitudes del silencio
la geografía de las palabras


de una mirada vuelta 
hacia adentro


III.


No sé si fue pájaro o crepúsculo
o aurora dorada bajo la piel


pero


en mí rugía la fuga del otoño cristalizado en mis pupilas
el mar rompía bajo mis pies, 
inundando cada célula
cada límite de los días
en el calendario de los rostros pasados.


No sé si fue pájaro.
Mas bien, el ocaso del otoño
iluminando tenuamente las baldosas del ayer,
me miraba de frente
advirtiendo
que llegó el momento
de la huida.

III.

                                     


Extraño tu olor y tus palabras
la manera de mirarme cuando ando
la luz de tus párpados iluminando el crepúsculo de mi piel
como si fuese música
o poesía


y danzáramos entre inviernos que nunca se terminan
entre sábanas que no conocen de calendarios
ni de frío o lluvia


en vos todo es a la vez fugaz y eterno
tu risa, el canto de mi piel,
el tabaco y el vino.


Suena en el mar en toda la piel cuando nos amamos
y nos volvemos aura, ángel y luz


Y danzamos, gemimos, lloramos, y morimos


            surcando las orillas de la eternidad.



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