viernes, 16 de enero de 2015

Mis noches de enero


Mis noches de enero tienen el sabor del insomnio.
Bajo el cielo estrellado de madrugada dejo que la brisa calme la fiebre.

Enero corre lento, perezoso, con el aroma a jazmín que se desprende de mi jardín y el bullicio del amor que está por venir. Sostengo un vaso de vino en una mano y dejo que el cigarrillo se consuma en mis labios entreabiertos. Me rindo ante el fresco de la madrugada.

Miro una estrella y me pregunto qué será de vos. La voz de lo que fue aún habita en mi piel, se inmiscuye en mis pensamientos, suspira por el mar que no nos vio volar. Quién dirá si nos volveremos a encontrar, en mi mesa todavía está fresca la pintura de aquella caja esperando la caricia aquellas que supieron recorrer tantas veces mi cuerpo, como una danza muda, como un pájaro rogando ciegamente el amanecer.


Mis noches de enero evocan la quietud de la soledad en la madrugada. Soledad que vive en mí, pero ya no con dolor. Mi soledad es como la paz después de una lluvia copiosa de verano. Se parece a un pájaro o a una flor. En sus raíces esconde la esperanza del porvenir.