viernes, 4 de abril de 2014

Madrugada de otoño


"...ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas

con hondura
con franqueza

sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas".
MARIO BENEDETTI


En la noche estrellada de abril en tus brazos,
en el que tu respiración
es música para mis oídos,
no sé por qué tu aura clara, brillante, en el instante en que mis párpados se entrecerraban,
dibujó sobre mí tanta luz que conocí el infinito, la eternidad entera en uno ojos marfil.
Será que todo un mundo condensado en tus pupilas
ahora por fin devienen en amor in-condicional:
tantas guerras, tantos desencuentros, tantas vidas y nosotros acá, otra vez,
volviéndonos poesía en el vino, en la música, en el tabaco, en tu risa enérgica
cuando sólo la noche es testigo de nuestra piel. 
La noche y las estrellas y la luna y el gato a nuestros pies.
Testigos en el instante en que tus labios rodaron por mi pecho
cuando viniste a mí y te recibí, clara, frágil, aunque serena
abriéndome como flor esperando su crepúsculo
sabiendo que retornaste al fin, y volverás una y otra vez,
para querernos sin tiempo, surcando la eternidad, en el vacío de la noche de madrugada de otoño.

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