viernes, 3 de enero de 2014

I.



El quinto cigarrillo del insomnio

suspira de añoranza tu piel

en la quietud del cielo de madrugada.

Más tarde, la cálida brisa de enero en mi rostro,

al abrir el pesado ventanal, decreta:

habrá que patear alegremente otro día y sus fantasmas.

No estás

jamás estuviste

fui la perfecta puta en tu cama tan sólo una noche.

Una noche.

Y te quedaste enredado en mis párpados.

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