miércoles, 2 de octubre de 2013

Dos poemas



I.

En la tibieza de la primera aurora

tus ojos resplandecían y me decían en la quietud del silencio.

Tus ojos  

Ah!

Me dijeron en tantos idiomas pasados.

En ellos adiviné lo eterno.

 

II.

Niño de miel, dónde está

la huella que guía hasta enigma de tu piel?

Cuándo,

cuándo el encanto de lo sublime arrebatará

nuestros ojos

y dejará caer las vendas

para no despertar jamás?