martes, 16 de julio de 2013

Un rostro de invierno ocultando el diluvio:
no bastó el trozo de sol, la alegría del despertar,
en aquel llano las pupilas permanecieron impasibles.
                          
¿Qué serán esos ojos y la lluvia que no se dejó fluir?

Cargar el viento tras la espalda
el perfil de tu silueta gris, acobardada en el hilo de la noche
gritar la verdad entre tanta muerte petrificada, a la hora en que los horizontes muerden los talones
reclutar cielos lejanos, que agonizarán luego en las comisuras de esos labios…

Qué decir, el tiempo apremia, las voces se extinguen y sólo quedan sus ecos diurnos, embarrados en la niebla de abril.

Y entre tantos papeles aquel nombre, nombre que se resiste a caer entre las piedras
nombre que grita la libertad hasta el hartazgo
nombre del que hoy, quizás por coincidencia, o causalidad
nació al fin el amor.