viernes, 25 de enero de 2013

tren a la muerte

                                               

Fuiste la agonía de una noche sin final,
la desesperación de los ojos abiertos,
la violencia de tus pupilas negras.
Me quemaste la piel de fuego perverso,
inyectaste en mi el cáliz de la muerte temprana,
succionándome la dicha poco a poco.
Me dejaste sin aire, exausta, al borde de tu cama.
Y al costado sangre y ardor, 
y en mí las heridas abiertas, un cuerpo que yacía sin vida.

Fuiste la agonía de una noche sin final,
un espasmo que duró un minuto.

Pequeño mounstro,
¿por qué te dejé entrar
si la piel gritaba basta?