viernes, 27 de abril de 2012


Suele faltarme el aire
a la hora del té, los vasos vacíos,
crispados de humedad vespertina.
Me falta el aire entre las sábanas,
a la hora de los suspiros ausentes,
el reloj detenido.
Y el papel que espera, paciente,
al costado de la cama.
Espera que calme mis ansias,
que perdone mis errores, que me perdone.
El papel no guarda rencores.
Él me salvará del hastío, una vez más.