jueves, 2 de febrero de 2012

En la ciudad del milagro


A Iván Palmier, siempre

Aquella noche no llovió.
El tren cruzó la frontera de madrugada y
sus acordes lejanos llegaron hasta la habitación.
El amor nos hizo
                         en los cuerpos
que destilaron la fiebre del pasado,
dios fue nuestro abrazo nocturno,
y la virgen repartió flores en nuestras manos.
El agua corrió por todos lados, violenta, a borbotones.
Purificó la piel, 
las mochilas sudaron sus cargas
                  y repartieron dichas por doquier.
En Salta el milagro se hizo carne.
Bendita la luz que se posó en nuestra alma.
Bendita la hora en que despertamos.
Bendita la libertad del amor de la amistad.
                                                              
                                                            Gracias por no dejarme caer.

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