sábado, 17 de septiembre de 2011


Las palabras como espinas se atrincheran en el ocaso de la tarde, mientras vos, mientras yo, oscilo con decirte todo lo que no fue. Desoladas las calles de mi barrio, calles que no reconozco, esquinas sin habitar que me miran de reojo, sin entender. Abro y cierro las puertas como para sacudir el aire del norte, la puteada de mi abuela por lo bajo, el café frío, el informe a medio hacer… Pienso que sí, que bueno vivir sola, estar sola, cocinarse, limpiar. Miro para adelante, voy como burro pero algo me impulsa hacia atrás. ¿Dónde quedó lo que dejé, lo que fui y ahora sólo son recuerdos? Y el día a día que me mira de frente, con sus miserias, la puta rutina, la soledad de mi cama. Reescribir el rumbo es anestesiar el pasado y seguir.