viernes, 4 de noviembre de 2011

Ni uno más


El minutero corre tras los pasos acompasados de un fin de año que está pronto a aparecer. Segundo tras segundo, el tiempo nos sorprende: alguien nace, alguien muere, alguien se enamora, alguien se encuentra. 7 mil millones pululan de aquí para allá en escenarios que se entrecruzan y yuxtaponen. Trenes, subtes, aviones son los encargados de trasportar a una masa amorfa y cambiante.
Mientras en la India un niño muere de desnutrición, en Nigeria un pobre anciano agoniza de soledad. Miles de jóvenes se manifiestan en Madrid. Yuppies ejecutivos pasean sus portafolios y van bien trajeados.
Muerte, conciencia, nacimiento, partida. Todo une; la sangre alienta; el pasado señala. No hay vuelta atrás; las agujas seguirán corriendo, destilando desdichas o algarabías. El tiempo ya no es lineal. En la frente de un presente que no olvida, somos tiempo y conciencia eterna. Al futuro miraremos (quizás) con ojos de esperanza.

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