jueves, 8 de septiembre de 2011

De mieles y yugos

Quiero que me talles la piel de sonrisas y sentir el cosquilleo del perfume del aire que calma las penas. Amanecer en tu espalda, gritarte los suspiros, y regresar a la película de tus muecas. Y en el andamiaje de los días, descubrir el velo de septiembre en tus brazos y dejar que el aroma del sol dibuje la piel en tonos pasteles. Mientras vos, tus manos (lo sublime), recorren las avenidas infinitas hacia el reino del júbilo sin causes.
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Tus manos son las huellas que dibujan el horizonte de lo perdido que se bifurca porque en el infinito el mar se abre y los peces se mezclan y se pierden y se encuentran. Y en el mar somos, como las olas que vuelven y retornan como lo eterno que repite su cause y vuelve a empezar. Allá, el horizonte, y tus manos (realidad circular) marcan el rumbo de una ruta que es de ida y vuelta. Señales difusas, cenizas en el camino. Huellas dibujadas en la arena que parodian el dilema de un juego que no cesa.


1 comentario:

Ale dijo...

Hoy te estaba por escribir para saber algo de vos. Y vengo y??? escribiste! wiiiiiiiiiiii.

De hecho, me gusta lo que escribiste =) sobre todo el hecho de las señales, que a veces de tan difusas que parecen ser terminan siendo claras, porque uno pretende descubrirlas y rara vez no lo hace.

Asi que a jugar hasta que deje de ser divertido, y entonces a buscar esas sonrisas que nos reencuentren un día cualquiera abrazados a esa cintura.

Beso grande, espero todo marche bien!