miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sálvese quien pueda


Confieso que he llorado. Sobre el tapial de la espera,
donde habitan los silencios fugaces, estrellados bajo el
sol de mediodía. Quemé al fin los papeles inconclusos;
las cenizas desparramadas por la habitación, los números
dispares. No el florero, no el beso; es la flor marchita. Confieso
que he llorado: a mares, en el mar, juntando los pedacitos de
lo que fui, tus pupilas dilatadas, mi ansia feroz. Confieso que me
he perdido. Entre el panic atack y el clonazepam, en los pasillos
lúgubres que relatan las hegemonías sin nombre.
Confieso que he llorado. Pero ahora recorto lo que fui, me
lo guardo en el bolsillo y sálvese quien pueda.


Uruguay, mi lugar en el mundo


Punta del Diablo
                                                              La Paloma
  
                                                          Punta del Diablo
                                                   Punta del Diablo
                                                Cabo Polonio

martes, 27 de septiembre de 2011

Enajenados


Alerta, comunicólogos a la vista. Así somos: ni chicha ni limonada. Errantes entre caminos cruzados, vigilantes de la eficacia del discurso, charlatanes tiempo completo, no hay colegio que nos cubra ni nadie que nos defienda (menos mal). Ay de nosotros, los cuasi-periodistas, los no-locutores, ay. Que trabajar por el pancho y la coca, que escribir encorsetados, que la política editorial, que nadie necesita críticos…¿Adónde iremos a parar?

sábado, 24 de septiembre de 2011

Infame


Al fuego, lo que es del fuego
pero tomar el amor
de a pequeños sorbos
absorber la sombra
de la mentira
bañar la espera
en chocolate amargo
sin envenenarnos
no.

Arriba,
el esplendor del recuerdo
abajo,
la víspera
los vasos vacíos
el té de las cinco
anclada en la muralla del olvido
como una hábil peregrina
en el sinuoso
camino
del (des)amor.

martes, 20 de septiembre de 2011

Revelaciones

Caía la tarde. Agarró su mochila y salió. Había hablado con su madre antes y le había dicho que no faltaba mucho tiempo. Habían llorado. Pero el cambio era inevitable. Matías no entendía. La miraba y no entendía por qué todo era desconsuelo. Sobraban las palabras, la ropa amontonada, los ceniceros vacíos al borde de la cama. Pero había que volver. “Vos alejás a la gente”, le dijo él con los ojos a punto de explotar. Ella trataba de contarle con llantos lo inexplicable: la mochila que lloraba, sus libros empapados con ese aroma tan particular. Y su cuerpo que se hacía agua. Y sanaba las llagas. Matías la miraba, no sabía qué hacer. “¿Por qué me pasa esto? No aguanto más, vos no me entedés, nadie me entiende”. Corrió a la iglesia más cercana. Ya había cerrado. Volvió a la plaza, abrió la mochila y empezó a desprenderse de todo: libros, comida, cremas, medicamentos. Debía enfrentar el viaje despojada de todo. “¿Estás segura que vas a poder hacerlo?”, le preguntó el. Ella no le contestó. Agarró sus cosas y se fue.

sábado, 17 de septiembre de 2011


Las palabras como espinas se atrincheran en el ocaso de la tarde, mientras vos, mientras yo, oscilo con decirte todo lo que no fue. Desoladas las calles de mi barrio, calles que no reconozco, esquinas sin habitar que me miran de reojo, sin entender. Abro y cierro las puertas como para sacudir el aire del norte, la puteada de mi abuela por lo bajo, el café frío, el informe a medio hacer… Pienso que sí, que bueno vivir sola, estar sola, cocinarse, limpiar. Miro para adelante, voy como burro pero algo me impulsa hacia atrás. ¿Dónde quedó lo que dejé, lo que fui y ahora sólo son recuerdos? Y el día a día que me mira de frente, con sus miserias, la puta rutina, la soledad de mi cama. Reescribir el rumbo es anestesiar el pasado y seguir.


viernes, 16 de septiembre de 2011


“Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos”.

          Rayuela. Cap. 73

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Amistad

                           a Iván P.

Cuando el sol de las tres
y las campanas anuncien el ritual
volveré a tocarte la puerta
pronunciaré tu nombre por lo bajo
y te daré la mano
para que volemos juntos.

Volverán las confesiones
el relato del primer beso
las canciones y los juegos inventados.
Volveré a extrañarte como cada julio
pateando las hojas secas
y la noticia de tu llegada
iluminará mis tardes, otra vez.

Y cuando necesite un fuerte abrazo
pensaré que estás,
correré a tocarte la puerta por si acaso
y en mi mente desfilarán los recuerdos
de una Salta que también siento mía
de vos,
de la palabra a tiempo
del tiempo que no se despide
y de saber que seguiremos unidos
aunque los kilómetros
aunque las desidias.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Exilio


                   ¿Qué hacer con tanta piel y alma al descubierto?


Entre tango y tango
                     que resuena cual placebo amargo
entre la paz y la espera
entre el sueño y la vigilia
podría enumerarte
esparcir la piel
ahogar el grito
en el vaivén infinito
de mis soledades.

Huérfana
de toda hermandad
decido continuar el vuelo,
remendar las alas
aunque el viento
azote y reclame la huída, otra vez.

Desplegar el barrilete
de mis sueños
volver a la niña que fui
es mirar hacia adentro
es también desangrarse
liberar los cadenas
y continuar.
                      
Ahora encontré el rumbo
pero te necesito conmigo.

No me dejes escribiendo entre líneas mudas
No te vayas sin dedicarme la canción de los ángeles

jueves, 8 de septiembre de 2011

De mieles y yugos

Quiero que me talles la piel de sonrisas y sentir el cosquilleo del perfume del aire que calma las penas. Amanecer en tu espalda, gritarte los suspiros, y regresar a la película de tus muecas. Y en el andamiaje de los días, descubrir el velo de septiembre en tus brazos y dejar que el aroma del sol dibuje la piel en tonos pasteles. Mientras vos, tus manos (lo sublime), recorren las avenidas infinitas hacia el reino del júbilo sin causes.
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Tus manos son las huellas que dibujan el horizonte de lo perdido que se bifurca porque en el infinito el mar se abre y los peces se mezclan y se pierden y se encuentran. Y en el mar somos, como las olas que vuelven y retornan como lo eterno que repite su cause y vuelve a empezar. Allá, el horizonte, y tus manos (realidad circular) marcan el rumbo de una ruta que es de ida y vuelta. Señales difusas, cenizas en el camino. Huellas dibujadas en la arena que parodian el dilema de un juego que no cesa.


domingo, 4 de septiembre de 2011

Rota

Qué hacer con los bolsillos llenos de tiempo, con las manos que lloran porque la luz, porque la luz del crepúsculo es océano en tu mirada, porque el sol no marchita las llagas. Y al pie de la cama, la alfombra vacía de besos se hunde en el dominio de la soledad, ahí donde no entran los entendidos. Es que en el desierto todos somos cómplices, pero cuando cae la noche la brutal angustia es soberana en el mundo de los perimidos. Y mi silueta, entre tanto aire inhóspito, se convierte en un soplido errante en busca de nuevos (y mejores) horizontes.