viernes, 25 de febrero de 2011

La luna se quedó muda,
el pájaro desapareció.
Las hojas
arrastradas por el temporal
se llevaron el recuerdo de
un abril oscuro.
El ruiseñor no encontró
su nido y
el brillo del verde
a media tarde
empalideció.
Y sus ojos quedaron secos.


Pero la niña se resistía a abandonar sus sueños.

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