jueves, 11 de noviembre de 2010


                                                                               
Renacer

La primavera inundó todo mi ser y me dejó una sensación de despojo en la piel. La frescura de mi rostro a primera hora de la mañana es casi un milagro. ¿Será que
la paz se sentó por fin en mi mesa?
Y aunque a veces me abandone a la nostalgia, las soledades ya no pesan tanto. Ahora son mis aliadas en esas tibiecitas tardes mientras contemplo serenamente la naturaleza en el patio de mi casa. Es encontrar el oasis que subyace muy adentro. Ese fuego sagrado que permanece entre tanta huída. 
Pero no me malinterpretes, no. Detrás de mi risa despreocupada se esconden muchos suspiros. Quimeras que solté una fría tarde de julio, cuando tus pasos se alejaron para no volver más.