domingo, 12 de diciembre de 2010

Cuesta abajo

Dejar caer
las lágrimas
contenidas tanto tiempo
en aquel frágil jarro
de mi alma.

Dejar caer
las ilusiones
inmaduras
frente a una realidad
desesperanzada
que no da tregua.

Dejar caer
tantos silencios
inertes instantes
que navegan en la ruina
del olvido.

Dejar caer(me)
ante el inminente final
que me muerde los talones
para avisarme
que el año se va,

y con él también
probablemente
se vayan mis últimas esperanzas
en el brindis del 31.

Entre risas y “felicidades”
algo de mí
morirá.

Sin
fundamentos
ni respuestas
sin
             nada
tendré
desprenderme
de vos.