jueves, 18 de noviembre de 2010

Dulce Noviembre

Noviembre tibio, aterciopelado
bajo el umbral de tu nombre
dibujado en las notas de mi alma.

Noviembre que espera pacientemente
a que busque las palabras exactas
para llegar a vos.

Noviembre resplandeciente,
no te vayas
sin decirme a donde vas.
No desistas, no te entregues.
Que no lleguen la hora exacta
de la despedida sin más preámbulos.

Noviembre de quietud,
dame esa señal para no caer en el vacío
del calendario sin días ni horas.
Muéstrame el sendero,
no me cierres los ojos.

No te extingas eterno noviembre
sin haberme dado la certeza
de que vas a volver antes de que
el crepúsculo apague tu canción.

{Dulce, dulce noviembre
y las ilusiones que aún cobijo
en la palma de mi mano,
entre mis ganas
y tu ausencia}


jueves, 11 de noviembre de 2010


                                                                               
Renacer

La primavera inundó todo mi ser y me dejó una sensación de despojo en la piel. La frescura de mi rostro a primera hora de la mañana es casi un milagro. ¿Será que
la paz se sentó por fin en mi mesa?
Y aunque a veces me abandone a la nostalgia, las soledades ya no pesan tanto. Ahora son mis aliadas en esas tibiecitas tardes mientras contemplo serenamente la naturaleza en el patio de mi casa. Es encontrar el oasis que subyace muy adentro. Ese fuego sagrado que permanece entre tanta huída. 
Pero no me malinterpretes, no. Detrás de mi risa despreocupada se esconden muchos suspiros. Quimeras que solté una fría tarde de julio, cuando tus pasos se alejaron para no volver más.



domingo, 7 de noviembre de 2010

  Si tal vez…



Si al final me dejaras abrirte los ojos
antes de que caiga la noche a recordarme
que mis sueños,
irremediablemente,
se los termina llevando el viento.

Que no me encuentre a mitad de camino,
pateando tardes opacadas por el velo de la melancolía,
cuando el aire primaveral acaricia mi piel,
y me invita a bailar entre las flores,
a vivir sin ataduras.

 No quiero otro verano,
y las sábanas vacías
tan impregnadas de ausencias.

Me gustaría gritarte en la cara que sí se puede,
pero también gritármelo a mí misma,
tan fuerte,
hasta hacerme entender que algún día
los abandonos no dolerán tanto.

Pero mientras tanto
los esbozos de espirales infinitos
terminan suspendidos en el aire.
Y vuelven a mí,
como el eterno retorno
a la insoportable levedad.

(Dejémosla correr,
aunque sea por una única vez)