domingo, 31 de octubre de 2010

Camino sin salida

¿Qué hago con todo esto que siento?
¿Adónde lo vuelco?

Porque sos mi todo:
el primer rayo de luz que se cuela en mi ventana;
la sombra en la que te invoco y te enumero;
el eco de tu voz resonando en cada pared de mi cuarto,
que se mezcla con la angustiante quietud del domingo a la tarde,
y con esas ganas de verte volver, tan mías.

Y contemplo el brillo de tus ojos en mis sueños;
ellos, tan expresivos, intentando captar con dulzura lo imperceptible,
en el cálido silencio de tu presencia y la mía.

Tu respiración en mi pecho,
y tus ojos, ahora tristes,
tratando de explicarme lo inexplicable,
y la sensación de que llegamos al final,
otra vez.

Y despierto en la mitad de la noche
empapada en llanto, incapaz de tolerar otra despedida.
Con esa angustia de saber cuán alejados estamos
no solamente físicamente sino también -y lo que es peor-,
emocionalmente.

Porque quizás nunca quisimos darnos cuenta
de la magnitud de lo que sentíamos.
Y nos perdimos, así,
en el vacío de la incertidumbre, de la nada.
Solos, alienados, retraídos…
como nuestro tibio amor.

[Y me abrazo a tu ausencia
como un niño que ha perdido su preciado regalo]

3 comentarios:

Ale dijo...

Las ausencias nos suelen dejar con mil cosas que no dijimos y otras que nunca vamos a volver a repetir. Pero no hay nada más angustiante que sentir la ausencia en la presencia, porque ves como no podés hacer nada para controlarlo y sabés, que tiempo después, vas a estar llorando por lo que supiste que iba a pasar.

.A dijo...

intenta exteriorizar todo lo que sientes..
ya que si lo guardas dentro.. la gente no sabe lo que piensas y no puede apoyarte..

Silvia dijo...

me gusta tu blog!
te sigo!
http://silvia-yellfire.blogspot.com/