domingo, 31 de octubre de 2010

Camino sin salida

¿Qué hago con todo esto que siento?
¿Adónde lo vuelco?

Porque sos mi todo:
el primer rayo de luz que se cuela en mi ventana;
la sombra en la que te invoco y te enumero;
el eco de tu voz resonando en cada pared de mi cuarto,
que se mezcla con la angustiante quietud del domingo a la tarde,
y con esas ganas de verte volver, tan mías.

Y contemplo el brillo de tus ojos en mis sueños;
ellos, tan expresivos, intentando captar con dulzura lo imperceptible,
en el cálido silencio de tu presencia y la mía.

Tu respiración en mi pecho,
y tus ojos, ahora tristes,
tratando de explicarme lo inexplicable,
y la sensación de que llegamos al final,
otra vez.

Y despierto en la mitad de la noche
empapada en llanto, incapaz de tolerar otra despedida.
Con esa angustia de saber cuán alejados estamos
no solamente físicamente sino también -y lo que es peor-,
emocionalmente.

Porque quizás nunca quisimos darnos cuenta
de la magnitud de lo que sentíamos.
Y nos perdimos, así,
en el vacío de la incertidumbre, de la nada.
Solos, alienados, retraídos…
como nuestro tibio amor.

[Y me abrazo a tu ausencia
como un niño que ha perdido su preciado regalo]

martes, 26 de octubre de 2010

Desprográmate

"Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley
ni como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación"
Anthony De Mello

Tiempo de re-nacer, de volver al ser.
Será que desde pequeños nos van llenando la cabeza de exigencias, de etiquetas, de condicionamientos. La cultura, la familia, los buenos modos, la buena educación, van estructurando nuestra mente al punto de trasformarnos en robots. Perfectas máquinas aceitadas, eficaces en ser lo que la cultura quiere de nosotros. Y eso se asemeja más al no-ser que al ser. ¿Dónde está la libertad ahí?
Y aunque muchos quizás se regocijen en ese estado, a mi me da miedo reconocerme en él. Por eso trato de vaciar las mochilas de vez en cuando, de ir por la vida lo más ligero de equipaje posible. De frenar, en esa vorágine diaria, para contemplar las pequeñas cosas y saborear cada momento. Y entre tanta interpelación absurda, buscar ese espacio que me permita des-identificarme de todo.
Porque al fin y al cabo, todos somos uno, iguales. Somos, simplemente.

Y porque alguna vez mi cuerpo y mi mente me gritaron BASTA, ahora intento dejarme llevar sólo por mi brújula interior.



jueves, 7 de octubre de 2010

Nostalgias

"...Después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco..."
Mario Benedetti

Hoy me gustaría contarte lo bien que van las cosas, aunque ya no llore por las noches ni me inmole ante autorreproches y errores. Pero si, al final, extraño tu no-presencia, tu voz del otro lado del teléfono, las cartas que nunca te envié que duermen en algún cajón de mi cómoda.
Pienso en esas pintorescas callecitas de San Telmo que fueron testigos de nuestro amor, pero que luego nos encontraron maniatados ante lo irreversible. Tus ojos se fijaron sobre los míos y en ellos creí percibir en un instante todos los momentos que pasamos juntos. Desvié la mirada hacia la ventana para no llorar y esos coloridos paisajes de la gran ciudad volvieron a mí lúgubres, amenazantes. La calidez del verano había cedido al comienzo del crudo inverno, más frío aún ante la noticia de una inminente despedida.
Muy lejos quedaban los recuerdos de aquel hermoso verano, de las cálidas playas esteñas que coronaron nuestro primer encuentro. Y todo fue tan natural y hermoso que no nos abandonamos a la simple fantasía sino que decidimos vivirlo, a pesar de la distancia.
Pero habías decidido marcharte y por primera vez me encontré sola en la gran ciudad. La antigua casona, que antes había sido el rincón de mis sueños, ahora parecía deshabitada y fría; todo había perdido color. Caminé hasta el bar de siempre, me senté y pedí un café. Era domingo al mediodía. La calma invadía la ciudad pero el sol de julio brillaba a pesar de todo. Respiré profundo al ver la biblioteca enfrente mío, el triste tango que danzaba de fondo y mi libro de notas vacío, sin siquiera una línea. Y sonreí entre lágrimas, sintiendo profundamente lo que era la soledad.