domingo, 12 de diciembre de 2010

Cuesta abajo

Dejar caer
las lágrimas
contenidas tanto tiempo
en aquel frágil jarro
de mi alma.

Dejar caer
las ilusiones
inmaduras
frente a una realidad
desesperanzada
que no da tregua.

Dejar caer
tantos silencios
inertes instantes
que navegan en la ruina
del olvido.

Dejar caer(me)
ante el inminente final
que me muerde los talones
para avisarme
que el año se va,

y con él también
probablemente
se vayan mis últimas esperanzas
en el brindis del 31.

Entre risas y “felicidades”
algo de mí
morirá.

Sin
fundamentos
ni respuestas
sin
             nada
tendré
desprenderme
de vos.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Dulce Noviembre

Noviembre tibio, aterciopelado
bajo el umbral de tu nombre
dibujado en las notas de mi alma.

Noviembre que espera pacientemente
a que busque las palabras exactas
para llegar a vos.

Noviembre resplandeciente,
no te vayas
sin decirme a donde vas.
No desistas, no te entregues.
Que no lleguen la hora exacta
de la despedida sin más preámbulos.

Noviembre de quietud,
dame esa señal para no caer en el vacío
del calendario sin días ni horas.
Muéstrame el sendero,
no me cierres los ojos.

No te extingas eterno noviembre
sin haberme dado la certeza
de que vas a volver antes de que
el crepúsculo apague tu canción.

{Dulce, dulce noviembre
y las ilusiones que aún cobijo
en la palma de mi mano,
entre mis ganas
y tu ausencia}


jueves, 11 de noviembre de 2010


                                                                               
Renacer

La primavera inundó todo mi ser y me dejó una sensación de despojo en la piel. La frescura de mi rostro a primera hora de la mañana es casi un milagro. ¿Será que
la paz se sentó por fin en mi mesa?
Y aunque a veces me abandone a la nostalgia, las soledades ya no pesan tanto. Ahora son mis aliadas en esas tibiecitas tardes mientras contemplo serenamente la naturaleza en el patio de mi casa. Es encontrar el oasis que subyace muy adentro. Ese fuego sagrado que permanece entre tanta huída. 
Pero no me malinterpretes, no. Detrás de mi risa despreocupada se esconden muchos suspiros. Quimeras que solté una fría tarde de julio, cuando tus pasos se alejaron para no volver más.



domingo, 7 de noviembre de 2010

  Si tal vez…



Si al final me dejaras abrirte los ojos
antes de que caiga la noche a recordarme
que mis sueños,
irremediablemente,
se los termina llevando el viento.

Que no me encuentre a mitad de camino,
pateando tardes opacadas por el velo de la melancolía,
cuando el aire primaveral acaricia mi piel,
y me invita a bailar entre las flores,
a vivir sin ataduras.

 No quiero otro verano,
y las sábanas vacías
tan impregnadas de ausencias.

Me gustaría gritarte en la cara que sí se puede,
pero también gritármelo a mí misma,
tan fuerte,
hasta hacerme entender que algún día
los abandonos no dolerán tanto.

Pero mientras tanto
los esbozos de espirales infinitos
terminan suspendidos en el aire.
Y vuelven a mí,
como el eterno retorno
a la insoportable levedad.

(Dejémosla correr,
aunque sea por una única vez)






domingo, 31 de octubre de 2010

Camino sin salida

¿Qué hago con todo esto que siento?
¿Adónde lo vuelco?

Porque sos mi todo:
el primer rayo de luz que se cuela en mi ventana;
la sombra en la que te invoco y te enumero;
el eco de tu voz resonando en cada pared de mi cuarto,
que se mezcla con la angustiante quietud del domingo a la tarde,
y con esas ganas de verte volver, tan mías.

Y contemplo el brillo de tus ojos en mis sueños;
ellos, tan expresivos, intentando captar con dulzura lo imperceptible,
en el cálido silencio de tu presencia y la mía.

Tu respiración en mi pecho,
y tus ojos, ahora tristes,
tratando de explicarme lo inexplicable,
y la sensación de que llegamos al final,
otra vez.

Y despierto en la mitad de la noche
empapada en llanto, incapaz de tolerar otra despedida.
Con esa angustia de saber cuán alejados estamos
no solamente físicamente sino también -y lo que es peor-,
emocionalmente.

Porque quizás nunca quisimos darnos cuenta
de la magnitud de lo que sentíamos.
Y nos perdimos, así,
en el vacío de la incertidumbre, de la nada.
Solos, alienados, retraídos…
como nuestro tibio amor.

[Y me abrazo a tu ausencia
como un niño que ha perdido su preciado regalo]

martes, 26 de octubre de 2010

Desprográmate

"Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley
ni como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación"
Anthony De Mello

Tiempo de re-nacer, de volver al ser.
Será que desde pequeños nos van llenando la cabeza de exigencias, de etiquetas, de condicionamientos. La cultura, la familia, los buenos modos, la buena educación, van estructurando nuestra mente al punto de trasformarnos en robots. Perfectas máquinas aceitadas, eficaces en ser lo que la cultura quiere de nosotros. Y eso se asemeja más al no-ser que al ser. ¿Dónde está la libertad ahí?
Y aunque muchos quizás se regocijen en ese estado, a mi me da miedo reconocerme en él. Por eso trato de vaciar las mochilas de vez en cuando, de ir por la vida lo más ligero de equipaje posible. De frenar, en esa vorágine diaria, para contemplar las pequeñas cosas y saborear cada momento. Y entre tanta interpelación absurda, buscar ese espacio que me permita des-identificarme de todo.
Porque al fin y al cabo, todos somos uno, iguales. Somos, simplemente.

Y porque alguna vez mi cuerpo y mi mente me gritaron BASTA, ahora intento dejarme llevar sólo por mi brújula interior.



jueves, 7 de octubre de 2010

Nostalgias

"...Después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco..."
Mario Benedetti

Hoy me gustaría contarte lo bien que van las cosas, aunque ya no llore por las noches ni me inmole ante autorreproches y errores. Pero si, al final, extraño tu no-presencia, tu voz del otro lado del teléfono, las cartas que nunca te envié que duermen en algún cajón de mi cómoda.
Pienso en esas pintorescas callecitas de San Telmo que fueron testigos de nuestro amor, pero que luego nos encontraron maniatados ante lo irreversible. Tus ojos se fijaron sobre los míos y en ellos creí percibir en un instante todos los momentos que pasamos juntos. Desvié la mirada hacia la ventana para no llorar y esos coloridos paisajes de la gran ciudad volvieron a mí lúgubres, amenazantes. La calidez del verano había cedido al comienzo del crudo inverno, más frío aún ante la noticia de una inminente despedida.
Muy lejos quedaban los recuerdos de aquel hermoso verano, de las cálidas playas esteñas que coronaron nuestro primer encuentro. Y todo fue tan natural y hermoso que no nos abandonamos a la simple fantasía sino que decidimos vivirlo, a pesar de la distancia.
Pero habías decidido marcharte y por primera vez me encontré sola en la gran ciudad. La antigua casona, que antes había sido el rincón de mis sueños, ahora parecía deshabitada y fría; todo había perdido color. Caminé hasta el bar de siempre, me senté y pedí un café. Era domingo al mediodía. La calma invadía la ciudad pero el sol de julio brillaba a pesar de todo. Respiré profundo al ver la biblioteca enfrente mío, el triste tango que danzaba de fondo y mi libro de notas vacío, sin siquiera una línea. Y sonreí entre lágrimas, sintiendo profundamente lo que era la soledad.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Espejismos

Algo que se acabó y que ya no tiende a resucitar. Ella lo sueña, él lo niega. Quizás nunca hubo amor, quizás ellos nunca pudieron entenderse. Vivían gritando contra los muros que los separaban, derramando lágrimas por el silencio y lo no dicho. Un romance utópico y platónico que vivía tan profundamente pero sin ataduras. Tan contradictorio, se nutría de dudas, miedos y temores al tiempo que buscaba derribar barreras sólo por amor. ¿Y para qué? Si sólo vivían de fantasías, si sólo se embriagaban de recuerdos, si se pasaban la vida construyendo castillos en el aire, esos que jamás iban a habitar…
Él, hombre maduro pero cegado por conflictos internos; ella tan joven, soñadora e idealista que pretendía transformar un affaire en una historia de amor digna de ser novelada. Ella creyó enamorarse; él pensó que podía retenerla por siempre.
Pero un día descubrieron que el amor se había fugado a otra ciudad.  El escándalo ya no los perseguía y lo prohibido había dejado de tener sentido. Algo había muerto. Y una vez más, ella enjugó sus lágrimas por el eterno retorno, por el absurdo fluir de sus sueños que eran sólo vestigios inertes que se mezclaban con la bruma del comienzo del otoño. Un otoño crudo, sin ideales, condenado a morir en la próxima estación sin dejar huella alguna.
Y en su piel quedó la memoria de lo trascendente; las ilusiones rotas; las fronteras intactas. Pero sus manos quedaron vacías, eternamente signadas por la dulce melancolía de lo que no pudo ser.